8 secretos para disfrutar de una vida saludable

Para empezar una vida saludable debes saber que el proceso se fundamenta en tres pilares básicos: alimentación, ejercicio y descanso. Por ello, en este blog te proponemos realizar estos cambios e iniciar desde hoy, tu nueva vida llena de salud y bienestar:

¡Comencemos!

Llegó la hora de modificar tu lista de compra:

Una buena “dieta” se comienza haciendo una compra saludable. Adquiere productos frescos evitando los procesados. Agrégale a tu carrito frutas, verduras y hortalizas, carne y pescado. Incluye alimentos altos en fibras.

Saber cocinar es clave: y es que si no sabemos cocinar, seguramente comeremos “cualquier cosa”. Aprende a cocinar al vapor, a la plancha, ¡prende el horno! Esto será fundamental para hacer más sana nuestra comidas.

Toma agua: ¿sabes exactamente cuántas calorías ingerimos, sin notarlo, cuando nos tomamos un refresco/ cerveza? ¡Muchas! Limita su consumo e incluye el agua como bebida principal.

Haz ejercicio a diario: escoge un deporte que te motive y te guste, para poder realizarlo a diario. Unos 30 minutos diarios de actividad física te mantendrá saludable. Y si un día no tienes tiempo, haz aunque sea 15 minutos de trote o ejercicios en casa: todo vale.

Subir escaleras, ir al trabajo caminando o en bicicleta, no pasarnos más de 30 minutos en el sofá, son pequeños puntos extras que ganamos hacia una vida saludable.

Cero estrés: los días pasan tan rápido que, a veces, no somos conscientes que estamos pasando por un momento de estrés. Intenta reducir al mínimo tu nivel de estrés. Recuerda que muchas veces el hambre repentino proviene del estrés.

Descansa: y no sólo se trata de cerrar los ojos o sentarnos un rato, sino mejorar tu hábito, es decir, un buen colchón, un ambiente óptimo de descanso y dormir de 7 a 8 horas, encontrando nuestro horario de sueño, te ayudará a dormir mejor.

Limita el consumo de sal y azúcares: para esto es muy importante conocer los alimentos, leer su etiqueta nutricional. Un exceso de azúcar contribuye a la obesidad y un exceso de sal alimenta los procesos hipertensivos.

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